domingo 4 de marzo de 2012

La música y yo



Cuando tenía doce años,   fui a las prácticas de la banda de música,  pues quería aprender a tocar algún instrumento…era la moda en mi escuela.


Como yo no quería tocar algo muy común,  busqué el instrumento menos tradicional que encontré,  y el que,   me pareció también el más divertido.  Por eso intenté meterle “feeling” al saxofón…¡¡¡pero que va!!!,  fui como a tres prácticas de la banda,  pero  el profe Rufino fue bien claro:  "no mi´jita… por favor,  deje de aterrorizar al universo…usted no da bola en la banda…mejor váyase para el batallón femenino del colegio o bien para las batuteras”.…y eso fue todo para esta campeona,  allí se quedaron mis aspiraciones de hacerle la competencia   a Kenny G,  Bill Clinton o a Lisa Simpson con el saxofón…luego  de eso le hice caso al profe y me convertí en la clásica “pela los dientes y enseña las piernas”,  es decir me convertí en batutera…¡¡¡ey!!! yo era buena en eso de pelar los dientes,  enseñar las piernas,  darle vueltas a la batuta y hacer piruetas…¡¡¡ey ¡!! yo era bien buena en eso:   llegué a ser hasta capitana…

Nunca tuve educación musical especializada.  Por eso no conozco de tecnicismos al respecto,  ni de grandes obras o de maestros famosos.  Recién aprendí a distinguir los “tempos” musicales  y a disfrutar de hermosos “adagios”,  como el de Albinoni.

La música clásica me encanta,  aunque,   la mayoría de las veces,  a menos que yo seleccione lo que voy a oir,   no sé quiénes ejecutan  qué pieza. 

La música clásica es maravillosa para calmar mis nervios.  Cuando no puedo dormir,  Mozart me guía por los senderos del sueño,  hasta llevarme a los brazos de mi amado Orfeo.

Tengo en la memoria de mi celular un  amplio repertorio de Vivaldi,  Bach,  Betoven,  Tchaikovsky,  Mendelson y tantos otros.  Aunque también tengo mucho de rock viejo, rock nuevo,   tengo Cat Stevens,  Serrat,  Ana Belén,  Trova cubana,  Rubén Blades,  Cienfue y música andina.  En los últimos tiempos descubrí a “Mago de Oz” y “Apocalyptica”.  Mientras “Mago” me pone eufórica y saca la garra y la fuerza que tengo,  Apocalyptica me permite escribir poesía…”Apocalyptica” me relaja.

Me gusta tener “cantidades industriales” de música cuando hago viajes largos o trayectos cortos,  alargados por los tranques.  No hay nada que me guste más que manejar  y  poder disfrutar sin que nadie me interrumpa de la “RAPSODIA HUNGARA ” de Liszt.  Esa melodía es una belleza.  Esa pieza,  recuerdo que fue ampliamente utilizada por diversas tiras cómicas que yo veía cuando era chica y de allí que,  cuando la escucho,   por arte de magia,   me transporto a la época más feliz de mi vida:  la infancia.  Amo “Rapsodia húngara”  de Liszt.

Otra cosa,  relacionada con la música clásica, específicamente con “Las Cuatro estaciones de Vivaldi”,     que me gusta hacer,   es inventarle a Ana, mi hija,  cuando voy con ella y Luis  en el carro,    historias fantásticas y locas,   sobre abejas volando traviesas durante “La primavera” de Vivaldi…no hace falta ser un erudito para apreciar las cosas buenas de la vida. 

Hoy no voy a escribir como si fuera una experta en la materia musical,  no lo soy,  sólo quería contar cuanto disfruto la música.  La música  me hace reir y llorar de la emoción, como las de los conciertos de solidaridad a alguna causa bonita (la música de Serrat,  de Rómulo,  de Sabina y de Silvio,  por supuesto).  La música  me hace gritar a todo pulmón,  en los “toques” de rock y a veces,  la música,   me brinda un placer “casi” CASI…erótico,  con la ventaja de que trae menos complicaciones que ese otro placer.

Escribiendo esto pienso y sonrío , mientras tengo,   “Noche Azul” de Julio Jaramillo,  como  fondo musical ,  sin duda,    sin la música,   la vida sería terriblemente triste.

Siempre lamentaré no haber tenido el suficiente coraje para intentar aprender a cantar “como era debido”.  Cantar me encanta y me encanta  también la valentía de los cantantes.
 Yo admiro tremendamente a los cantantes,    sobre todo a los que inician  en un mercado tan hostil,  donde no siempre se puede cantar lo que se quiere  y donde a veces resulta más fácil prostituirse a las masas y cantar o tocar el clásico “te quierooooo, mi amooooor no me dejes sóloooooo no puedo estar sin Ti,   mira que yo llorooooooo.”  Uffff!

Recordando “esa”  canción de Silvio Rodriguez,  viene también,   a mi mente,   la letra de la canción de Pablito Milanés que dice “ Pobre del cantor que un día la historia lo borre sin la gloria de haber tocado espinas…Pobre del cantor que fue marcado,  para sufrir un poco y hoy está derrotado. “    Sí pobre del cantor ese,  pero también pobre,   de los que creen que música es Lady gaga, Daddy Yankee y otras yerbas similares.
                               

Por eso es que respeto tanto a los músicos,  a los buenos músicos.  Ellos al igual que   los escritores,  poetas,  los pintores y todos los representantes de las artes muestran la belleza,  la tristeza de la vida,  lo habitual  y lo excepcional.  Ellos tienen la función más maravillosa que puede existir y es que venden sueños y esperanzas,  sacan,  al resto de los mortales  del tedio cotidiano y  brindan ESE oasis de felicidad,  tan necesario siempre.

jueves 1 de marzo de 2012

Piropos


Las mujeres necesitamos los piropos,  tanto como la planta necesita de la tierra,  de la luz del sol y del agua para florecer.  Los piropos son nutrientes para la flor de la autoestima.

Si  un dulcineo me dice “bonita” me siento automáticamente “bonita”…si el dulcineo me dice “princesa mágica”,  la “Bella durmiente” que habita en mi,   despierta y le da un beso al aspirante de príncipe,  antes de que él se de cuenta.

Los hombres deberían saber eso.  Las mujeres también.  La fuerza de las palabras es increible.  De allí que quien recibe críticas o comentarios negativos siempre,  termina desvalorandose así mismo.

Por experiencia recomiendo a cualquier mujer,  que el día que ande con el moco caído,  se baje de su bus,  de su taxi o de su carrito y que camine por la acera de un edificio en construcción.  La mayoría de los obreros de la construcción son como Walter Risso,  en eso de subirle la autoestima maltrecha a cualquier hembra triste.  Cuando yo iba a la universidad,  mis compañeras y yo hacíamos competencia para ver quien levantaba más piropos frente a los edificios en construcción…las mujeres somos diablas,  es un hecho.

Los obreros de la construcción no perdonan…y la ventaja es que las gorditas llevamos bastante chance,  porque acá en Panamá,  los caballeros no siempre las prefieren flacas.  Los obreros de la construcción no perdonan:  flacas, gordas,  chaparras,  altas,  rubias,  morenas,  trigueñas,  todas llevamos chance…


Debo confesar que hay un placer morboso en eso de pasar muy oronda,  con la cabeza en alto,  caminando frente a un grupo de tipos en la calle…por supuesto que hay algo de temor,  pero luego,  luego…surge un sentimiento  de poder y valentía en el acto…sobre todo porque cuando sale un atorrante,   de esos estúpidos que nunca faltan y te dicen una lisura fea…uno lo mira fíjamente a los ojos con cara de odio y el “manacho cualquiera” de la pena,  baja los ojos avergonzados…generalmente son los mismos compinches los que le dicen: ayyyyyyyyyyyyy payasoooooooooo!!!!! (utilizando un término delicado y no un despectivo adjetivo calificativo aplicable a los homosexuales).

Yo soy de las que da las gracias,  al galante caballero,  cuando me dicen algo bonito y si algún bestia,   me dice alguna salvajidad,   pues se me "sale el cobre" y le contesto con otra igual o peor…eso generalmente los deja fuera de base y con la hombría por el piso.

No me gustan los piropos poco imaginativos,  tipo “vaya mami,  si como caminas cocinas”…o los vulgares y groseros,  como dizque “quien fuera gallote pa´ entrale a toda esa morina”…entre otras salvajidades.    Pero, cónchale,  que lindo que le digan a uno,  cosas lindas…puede uno estar ajetreada,  sofocada,  sudorosa,  preocupada,  con los tacones que te hacen ver estrellas;   pero,   si el funcionario público que te va a atender,  te dice,  “buenas tardes,  hermosa dama,  en que le ayudamos????” waoooooooo…inmediatamente la sonrisa se pinta de nuevo  en el rostro y la rabia asesina por la cola formada desaparece por arte de magia.

lunes 27 de febrero de 2012

...primer día de clases

Corre,  corre desde las 4 y 30,  para tener tiempo para mis cosas....toco el clarín madrugador a  los chicos un rato después,   poco antes de las seis,  se levantan de un tirón...hoy felices por el primer día,  mañana,   no sé sí lo estarán tanto...

Amo los primeros días de clases...daría lo que fuera por estar en el lugar de mis chicos,  con sus uniformes nuevos,  cuadernos nuevos,  mochilas nuevas,  etc...EUFÓRICOS Y CONTENTOS,  dispuestos a comerse la vida,   que revienta, rabiosa, en esta mañana,   que desde tempranito,  ilumina plena,  los rincones de la casa,  con sus  racimos de sol...

Ya la Ana pronto empezará con el maaaaaaa,    meeeeeee,  miiiiiii,   mooooooo,  muuuuuu...¡¡¡mi mamaaaaá me ama!!!!...primer grado ES DIVINO,  su maestra de este año,  por suerte,  una tremenda maestra,  gran amiga mía (eso siempre ayuda  jajajajajaja)...ANA NO SABE LEER AUN,  pero ya tiene libros pendientes de leer.  El año pasado fuimos a comprar libros y ella eligió los suyos,  por adelantado,   ¡¡¡¡para cuando supiera leer!!!!....a Luis,   el pobre,  le toca el quinto grado y las trágicas fracciones...ufff me tocará volver a practicar y exorcizar el cuco matemático que me hacía llorar de la frustración en el colegio (cónchale,   que me costaron un mundo las matemáticas,   siempre)...que diferente me sentía cuando la profe hablaba de tropos,  de metáforas,  de lírica,  de la Iliada,  la Odisea,  de María y de Jorge Isaacs...como amaba las clases de español,  filosofía,  de historia universal,  de gobierno y de historia patria...definitivamente las matemáticas fueron y seguirán siendo mi cuco...Pobre de Luis...su madre sólo podrá ayudarlo en español y ciencias sociales...tocará buscarle apoyo externo,  si las cosas se le ponen "color de hormigas" en matemáticas...espero que no.

Llego a casa,  para terminar de arreglarme y salir a trabajar y me llama por teléfono Mau,  mi hijo grande,  el fotógrafo.  Le tocó cubrir para la agencia internacional que trabaja,   el inicio a clases de una comunidad muy pobre de Panamá,   "Kuna Nega",  un poblado marginal a pocos kilómetros de los rascacielos de Paitilla y de las mansiones de Costa del Este...sí,  mientras hablamos de la terrible impresión que le causaron los niños descalzos en el primer día de clases,  algunos padres con caras y fachas de maleantes o piedreros y las escuelas sin reparar,  pan diario de las mayorías de este país...pienso,  pienso y pienso: FALTA TANTO POR HACER EN ESTE MUNDO...CARAJO...

...me cuenta (Mau,  mi hijo) sobre JIJI,  SU GATO y su recién esterilización y el susto que le hizo pasar,  pues tuvo que irse al veterinario de urgencia en la noche...gastar un pocotón de plata en eso y encima aguantar arañazos de su gato que no entendía porqué le sacaban sangre y pensé:  "Ahhh cariño,  cuantas veces tuve que correr contigo cuando había que ponerte una mascarilla por la incipiente asma,  bruja desgraciada que siempre atacaba de noche y que desde la infancia se asomaba maligna o cuando en los "tejemenejes" de la infancia se abría una brecha en la cabeza,  producto de los juegos violentos a los que siempre fue aficionado...ahhh,  "pendejito" (pensaba yo,  malamadre),  practica con el gato,  llévalo al doctor,  dale su comida y cuídalo...  que cuando tengas tus hijos te tocarán los corre corre que yo pasé contigo".... "bueno bebe,  te dejo,  no se te olvide mandarme fotos de Kuna Nega...chao,  chao cuídate..."


Primer día de clases:  SIEMPRE ERES MARAVILLOSO !!!!





Mercedes y Calle 13,  le cantan al niño de la calle...a ese que seguro hoy no llegó,  ni llegará a la escuela :(

sábado 25 de febrero de 2012

Qué queda?




Me queda el abrazo oloroso a lágrimas  que se tatuó en la nuca,
y en el corazón  para siempre.
Me queda la certeza de que las mujeres somos todas unas brujas;
y  yo,  carne de hoguera,  más que ninguna.


Me queda un vocabulario exuberante,
que cobra vida a cada rato,
que tiene magia,
que es musical.
Me queda,  un millón de metáforas, risas,  penas, poemas, anécdotas y canciones.
El rock and roll,  es maravilloso para enamorarse.

Me queda una “vocecita” persistente
y dos pares de ojitos oscuros que
sacan las ganas a flote
 y que me obligan a salir de este túnel  oscuro,
sin fondo,
sin preguntas,
sin respuestas;
sin luz blanca al final de todo.

Me queda el  poema insurrecto,
el  de los tiempos en que era especialmente  única.
Eso SIEMPRE será  mío,
a pesar de mi,
de ti,
de los celos e instintos prehistóricos,
 de las rabias y la humillación asesina.

Me queda la imagen de una mirada traviesa y asombrada ,
que se quedó  grabada en todos los espejos del mundo.
Me quedan todavía,
mariposas verdes,  moradas, rojas y amarillas,
que persisten  en seguir volando por todos los rincones de la vida y del ser.
Me queda también el  cadáver de mi alma.
Me queda el cielo azul.
Azul como la última mariposa de la esperanza, que 
ya no me queda,
pues la ingrata,
se fue contigo.

Me quedan muchas cosas, duendecito,
Mi geniecito adorado.
Lo siento.
No sé, si egoísta hasta el último instante,  no dejé  nada para ti.
Soy (y estoy) un poco menos triste ahora.
El sol que entró por la ventana sin cortinas
Me restregó en la cara,
una riqueza mayor a la de hace un año.


Publicado originalmente el lunes, 28 de marzo de 2011

...y qué es poesía?????


....poesía es  un  cantar por la esperanza de mejores tiempos,
es vociferar contra los tiranos,
es llorar por los caídos,  
es perdonar,  pero no olvidar,
es emborracharme hasta la inconsciencia de pensamientos e ideas
es  abrir el candado,   dejar libre las emociones y botar la llave.
es ladrarle a la gente -en vez de hablarles-
es reírme hasta el cansancio al ver su cara de asombro.
es recorrer  con emoción  tus montes,  tus senderos,  tus valles,  como la vez primera,
es descorrer el velo de la realidad,
es inventar nuevamente la inocencia.
Poesía es esa línea transparente que separa la lucidez de la locura.
Es el combustible vital que me permite seguir viva,  
viva  contigo,  sin tí y a pesar de ti.

Hacia la búsqueda de las huellas de mi propia leyenda personal


Leí “El Alquimista” de Paulo Coelho y comprendí que muchas cosas no son,  en forma alguna, lo que aparentan ser a primera vista.  Ya había leído varias obras suyas y ciertamente que ninguna me había movido el piso. Algunas me gustaron un poco (“Verónica decide morir” y “Once minutos”) otras no me gustaron nada (El demonio y la señorita Greene y A orillas del Río Piedra me senté y lloré),  pero todas,  ya sea las me gustaron un poco;  o las que no,  me dejaron con la sensación de que les faltaba algo.  No había leído “El Alquimista”.  La gente no me creía. Me decían:  tu que has leído tanto,  cómo no has leído el alquimista? Yo me escudaba diciendo que sencillamente no había química entre el señor Coelho y yo.

No podía creer que un tipo tan famoso,  tan laureado,  tan querido,  escribiera novelitas más o menos buenas;  pero no tanto;  y me daba rabia.  Yo esperaba más.

 Cuando leo a Vargas Llosa,  por ejemplo,  no pienso en si es  políticamente de derecha o no,  sólo sé que me gusta como escribe:  la Ciudad y los perros,  La Fiesta del Chivo,  La niña Mala,  historia de Mayta,  etc.  Todo me gusta.  Con Coelho no era así,  a Coelho,  siempre le encontraba “un pero”,   nada de lo leído me gustaba mucho,  sólo el asunto ese “de cerrar círculos o etapas” que me llegó por  casualidad en una presentación de power point,  se salvaba.  Lo demás que había escrito,  no me interesaba.

Claro que había oído hablar de la necesidad de “seguir las señales” tema desarrollado por ell escritor es su obra.  Incluso recuerdo haber usado el concepto en conversaciones o escritos;  sin embargo,  nunca hasta hoy conocí la esencia y el desarrollo de dicho tema.

Ayer,  alguien especial,  quizás, tratando de librarse un poco de mi perorata interminable, que no le dejaba concentrarse en su trabajo,   me obsequió la novela,  con la advertencia que tenía que leerla,  pues era buena.  El sabe mucho de letras.  Es posible que haya leído algo más que yo.  Además me lleva un par de años,  así que sabe de lo que habla.  Y allí empezó la cosa.

No es que yo sepa mucho de este asunto de la literatura,  no,  para nada.  Ya quisiera yo  saber de literatura,  de escribir y del manejo magistral de la lengua española. Siempre me he arrepentido por no enfocar mis estudios superiores en ese sentido.  No,  realmente estoy clara en mis limitaciones al respecto.   Sin embargo,  si puedo decir con una seguridad que raya  en la vanidad,  que he leído mucho,  desde siempre,  desde que aprendí a hacerlo.  Que en los dos últimos años,  he vuelto a retomar la voracidad por leer  que tenía a los 15 años y que esa ha sido una de las decisiones más importantes,  desde que retomé el control de muchas cosas.  Esa es una de las cosas de las que más orgullosa me siento.

Yo tengo un método personal para distinguir si una  novela es buena.  Es fácil,  si no dejo de leerla hasta que se acaba,  es decir,  si la leo de un solo tirón,  es buena.  Si la interrumpo un par de veces,  no lo es tanto;  y si la dejo de leer “a medio palo”,  es muy mala.  No soporto las novelas aburridas.  Si lo que leo me eriza los vellos,  si me hace coger rabias;  me hace reir,  llorar,  soñar,  entonces esa novela es buena para mi.  Si la novela sólo se deja leer,  es posible que sea buena,  pero no para mi.  Para mi la novela buena es la que me mueve el piso,  la que me rompe esquemas,  la que me deja pensando en el tema.  La que hace que hasta sueñe con sus personajes (Como con el pescador “Santiago” de El viejo y el Mar; “Remedios,  la bella” subiendo al cielo y “Amaranta” tejiendo su mortaja en “100 años de soledad” o como “Mechi” de “Ojitos de Angel” y su mirada taladrándome la vida eternamente a través del tiempo y el espacio).  La novela buena,  para mi,  es la que me obliga a seguir pensando en ella un buen rato,  días y quizá años,  luego de leerla.  Con los poemas el asunto es más fácil.

“El alquimista” hizo todo eso.  No sólo me movió el piso,  sino las entrañas,  me removió las neuronas,  el alma,   supongo que hasta mi aura quedó alterada. Después de leerla,  me pasó algo curioso,  ya que  luego que el hambre apretara,  me dirigí a la” tienda de abarrotes que queda cerca de la casa,  en carro.  Como una zombie,  agarré un par de víveres y regresé a casa,  ¡¡¡¡A PIE!!!!,  pensando,  pensando y pensando en el asunto base de la novela:  el encontrar su propia leyenda personal…ese libro logró que a mi se me olvidara el carro  en el estacionamiento de la tienda…ese libro ha logrado que los cimientos de mi vida se estremezcan,  pues logró que me preguntara de golpe un montón de cosas sobre mi propia existencia y sobre la realización o no de mis propios deseos,  de mi propia leyenda…ese libro logró que yo pensara que mejor no la debí haber leído;  y que era preferible que en mi petulancia yo siguiese diciendo que Coelho no me movía el piso,  a sufrir por la certeza de tantas aspiraciones personales inconclusas y de tantos sueños relegados al olvido.

Ya me habían dicho que la novela  era hermosa y de grandes enseñanzas,  pero con esa terquedad mía,  me había aferrado a mi tesis de no querer leer más nada de Coelho,  pues lo consideré, más que como  un escritor bueno,  como un mercader excelente de sus obras literarias,  que sabía escribir aceptablemente y que hacía mucho énfasis en los temas místicos y en asuntos de fe.  Demasiado,  para mi gusto.  El Alquimista,  me calló la boca,  me cacheteó el cerebro y el alma;  y  me demostró con creces porque tanta gente ama lo que Paulo Coelho escribe.

Supongo que con él (con Coelho) ,   me pasó lo que me habría pasado si antes de leer “El amor en tiempos del cólera” o “100 años de soledad”,  me hubiese leído “Memorias de mis putas tristes”.  Con el perdón de Don Gabriel García Marquez,  hay un mundo de diferencia entre aquellas y ésta.

Ahora tengo un problema BIEN serio: LEI ESA NOVELA (El Alquimista),  LA AMÉ de principio a fin; no pude parar de leerla completa y desde que la leí no he podido dejar de pensar en ella,  ni  en el pastor trotamundos que busca su leyenda,  ni en la escena del desierto donde éste  “trataba de convertirse en viento”.  No he podido dejar de pensar en“mis cosas”,  en mis carencias espirituales, en mis logros,  en mis faltas,   en Dios y en el plan que éste  seguramente tiene para mí.  No he dejado de pensar en que quiero dejar de vegetar en este limbo existencial,  en que quiero dejar de vivir como estoy viviendo,  actuando conforme al día a día,   sin emociones, más allá de las tristezas y desesperanzas,    sin apasionarme por lo que hago.

Esa novela logró que yo me mirara por dentro y que reviviera ideas y sueños obviados y relegados:  esa novela logró que yo aceptara  que quiero realmente encontrar mi propia leyenda personal,  la cual,  con seguridad no está en el pleitear infinitamente como abogada,  aunque,  tal vez ello sea el medio para llegar a esa leyenda.

En estos momentos siento que en el Panamá donde me muevo cotidianamente,  encontrar mi leyenda es difícil,  sobre todo,  si no estoy segura de cual sea esa leyenda.  Vuelven a surgir los deseos de irme, de crecer,  de desarrollarme,  de encontrarme a mi misma.  Esta tierra que tanto amo,  cada vez ofrece menos oportunidades a la gente que no es masa,  a la gente que es diferente,  a la gente que sueña con ideales de una vida pacífica,  con  una sociedad civilizada donde impere la justicia e igualdad,  sin el desorden y el  clásico “juega vivo rampante”.

Es difícil pensar en eso,  tengo dos chicos por quien velar y mucha gente que amo está acá. Las posesiones materiales no importan mucho,  eso lo sé,  pero también se que mis aspiraciones no están siendo satisfechas y que no estoy viviendo o haciendo lo que quisiera.  Tal vez hayan algunos avances en lo económico,  pero sinceramente prefiero pensar en  vivir hasta el fin de mis días haciendo lo que más me gusta,  que no es necesariamente,  lo que más plata me da.  Es posible que mi leyenda esté en abrir un negocio modesto donde yo sea dependienta, gerente y utility, o quizás en volverme sindicalista militante,  talvez será enseñar el abc a niños de una comarca perdida, o inventar canciones para músicos irreverentes, o  sembrar rosas, guayacanes, begonias y hortalizas,  o cocinar en un lugar donde todos se chupen los dedos sin pudor, o criar gallinas en el patio de una finca perdida en la campiña o escribir poemas y cuentos raros que pocos o nadie,  o tal vez muchos,   leerán. Es posible que así sea.


Publicada originalmente el lunes 13 de diciembre de 2010.



Mariposas


 Hace muchos años un chico que tenía quince  años , besó por vez primera a una chiquilla de 14 a quien nadie había besado antes.  La chica se resistió,  le haló el cabello y le pateó las dos espinillas,  pero él no la soltaba,  insistió en besarla en los labios…ella parecía una potranca bronca,  las mejillas rojas,  vapor exhalando de su cuerpo,  miedo y temblores de rabia…él era un vaquero de verdad,  acostumbrado a lidiar reses, yeguas y potrancas.  Estaba dispuesto a domarla y esa noche lo logró…ella se dejó besar,  frente a su casa,  en las sombras,  con la luna,  como único de testigo y luego correspondió dulcemente al beso…tímida al principio,  inexperta;  pero luego con una pasión que le  incomodó al principio,  pero que más  tarde, la hizo feliz de una manera diferente,  húmeda y cálida, como nunca lo había sido antes.

Muchos años después,  ella recuerda claramente la escena,  básicamente por que  fue la primera vez que sintió mariposas en su estomago.  Las mismas mariposas que con el tiempo, otros amores harían surgir.  Las mismas mariposas que la harían la mujer más dichosa de la tierra.  Las mismas mariposas que la harían llorar y que la harían desear la muerte.  Las mismas compañeras mariposas que le indican que está viva o que está muerta,  independientemente que respire o que su sangre circule.

A los días del incidente del beso,  él le regaló un disco de acetato con una canción de Steve Wonder y un casete de música romántica de los inicios de los ochentas que ella oyó hasta la saciedad y que conservó como un tesoro, incluso, cuando ya no amaba al chico y tuvo otros amores.  Guardó igualmente una carta escrita en una hoja de papel celeste,  donde él le confesaba lo que sus labios no se atrevieron a decir primero:  que ella era su primer amor de verdad y que la querría siempre.  Ella nunca le creyó el cuento, pues intuitivamente, desde siempre supo que los hombres dicen una cosa,  pero sienten otra.  No en vano,  lo había visto revolotear de flor en flor,  durante los tres años previos,  cuando fueron inocentes condicípulos escolares.  Pero eso no importaba, ahora él era suyo…y durante todo un largo verano,  fueron inseparables.  Ciertamente, entre paseos en bicicleta y travesuras juveniles,  ese chico de quince años hizo muy feliz a esa muchacha de 14.

El papelito celeste,  el disco y la cinta de música,  estuvieron guardados en una caja de zapatos vieja,  junto con a
lgunas tarjetas,  juguetes,  flores secas,  versos de amor y esas cosas que las muchachas guardan de sus amores de juventud.

Muchos veranos pasaron.  Hubo un incendio en la casa de la chica y las cosas se quemaron.  Ella sin embargo,  nunca olvidó que hubo alguien que le regaló la canción “I just call to say i love you”y que dicha canción ya nunca más sería de Stevie Wonder,  esa sería la canción de ambos,  del chico y la muchacha protagonistas de este cuento;  aunque ya no se quisieran y aunque el disco de acetato se hubiese derretido en el fuego.

Qué les sucedió a ambos?  Nada,  sólo que el tiempo pasó, se pelearon por una bobería, y se quitaron el habla.  El le pasaba al lado gallardo,  imponente y bravucón.  Le miraba descaradamente el trasero a las chicas de 18,  para molestarla a ella.  Ella le hacía desplantes en público, le mostraba desafiante el dedo corazón cada vez que podía y  coqueteaba con otros.  El amó a otras, se casó,  tuvo hijos.  Igualmente, ella amó a otros, se casó y  tuvo hijos.  Fueron felices y fueron tristes,  cada uno por su lado.  Casi nunca se vieron,  sin embargo,  aunque amaran a otros, siempre recordaron con cariño ese primer amor.  Ambos supieron que ese amor que se tuvieron cuando eran casi niños fue importante, lo respetaron y lo valoraron.

Seguro que fue importante! pues transcurridos 25 años después cuando ella tenía 40 y el 41;  cuando ya las vidas de ambos habían tomado rumbos paralelos  divergentes y ajenos, se encontraron en esa fiesta de amistades escolares, donde él que no estaba calvo,  arrastraba visibles huellas del paso del tiempo.  El se encargó de recordárselo.  Y de que manera le recordó muerto de la risa,  con los ojos negros brillantes,  traviesos,   la mirada de miedo de ella y los golpes que tuvo que tolerar en el pasado,  para lograr un inocente beso.  Ella aunque era una mujer hecha y derecha,  experimentada,   no pudo menos que sonreír apenada y bajar la mirada; y beberse de un solo trago el vaso de ron con coca cola que tenia en su mano derecha.

Se despidieron.  No se vieron más nunca.  Cuando la vida le sonreía a ambos, cada uno por su lado,  él tuvo un fatal accidente y se murió,  como el vaquero que era,  como el vaquero que había sido.  Ella se sintió muy triste por su muerte;  por lo absurda de la misma,  pero sobre todo,  porque nunca pudo decirle que él era un buen tipo,  que le tuvo cariño,  que su partida dejaría un gran vacío y  que siempre lamentó no poder amarlo,  como él se merecía.

No fue a su entierro.  Seguramente habría hecho un papelón.  En casa lloró a solas,  le escribió una carta que nunca le entregaría.  Se acostó y se durmió aferrada a una almohada.  En la madrugada,  alguien le tiró una cobija encima para que no tuviera frío y le besó los ojos cerrados,  todavía mojados por las lágrimas.

La mañana trajo el milagro de la fortaleza,  se sintió mejor.  Decidió hacer lo correcto.  ir a dar el pésame a la familia del chico:  a  a su madre,  a la viuda,   a sus hermanos,  a sus hijos.  Al  llegar, se sintió reconfortada,  porque los encontró a todos tranquilos,  resignados,  conformes;  y porque constató efectivamente que hizo bien en conservar intacto durante todos esos años el cariño del chico aquel.

La madre recordaba tener una foto de la chica,  cuando tenía 14,  guardada por ahí.  La hermana la abrazó por vez primera y le contó pormenores y confidencias del chico.  La esposa,  le sonrió agradecida por la visita, sin tener idea de quien era la desconocida de ojos irritados por el llanto que le abrazaba.  Jugando inocentes vio a dos niñas hermosas,  ajenas a su nueva situación de huérfanas.  Si,   esa noche, la muchacha de 40 años que era ahora,  no lloró más;  y fue feliz de nuevo,  pues tuvo la certeza liberadora que su chico,  ya no seria mas el crío de 15, de sus memorias,  sinó que había crecido y que se hizo un  hombre.  Un hombre de bien y eso le llenó el corazón de alegría.

Esa noche  llegó a su casa donde la esperaba otro hombre,  uno vivo, uno ajeno a su pasado,  uno  bueno,  uno que no le importaba su sobrepeso,  ni las gafas para leer, ni sus ínfulas feministoides, uno que ella amaba ahora;  y se llenó de valor y tomó la iniciativa,  y le dijo que le amaba y que deseaba besarlo hasta el cansancio,  y este nuevo hombre en su vida,  la miró con los ojos asombrados,  que le encantaban a ella y volvió a verlo,  con los mismos ojos que una vez le mirara;  tal y como una vez quedaron reflejados para siempre en un espejo sobre el techo y pudo observar dichosa un brillo nuevo en la mirada y la vida se les  llenó a ambos de mariposas locas que,  se salieron del estómago de ambos y llenaron todos los rincones del mundo.

*Esta historia es tuya,  ADIEL,  donde quiera que estés...un beso a la eternidad amigo

Publicada originalmente el 15 de noviembre de 2012.