miércoles 28 de abril de 2010

Ay el amor, cosa tan rara: Filosofando sobre la búsqueda del amor (…o sobre la vuelta de mis mariposas)

Hace poco el hombre que me mueve el piso, me pidió que fuera su novia. Llevamos saliendo un ratito, no más de un par de semanas. Un par de salidas al cine, a cantar en karaokes, a la finca de mi viejo, a ver la luna de madrugada, a pasear por el Costway de Amador, un par de almuerzos, horas de conversaciones interminables, intercambio de correspondencia y poesía y música maravillosa, etc.

Él cumple con el perfil que debe reunir el hombre con quien quiero pasar el resto de mi vida: es inteligente (tal vez un poco más que yo), culto, casi no bebe alcohol, no fuma, es divertido, loco, arriesgado, le encanta sentir la adrenalina, autosuficiente económicamente hablando, ama a los niños y besa del carajo.

No es perfecto. Tiene un par de taras (no come esto, no come aquello, es un poco desordenado y no es todo lo puntual que yo quisiera) pero, bueno, yo tampoco soy el dechado de virtudes que mi madre soñó.

Aunque yo daba por hecho de que “yo ya era su novia”, igual él me lo pidió y yo le dije, por supuesto, que si; y desde entonces soy un poquito más feliz que antes, pues formalmente soy la novia de alguien maravilloso.

Tengo poco más de un año de haber terminado mi última relación amorosa, la que duró prácticamente un tercio de mi existencia total (entre rupturas y reconciliaciones) y de ella me quedaron un par de cosas: el aprendizaje de que no existen amores eternos per se, de que no hay bien, ni mal o bien que duren cien años, ni cuerpo que los resista; que el instinto de supervivencia prima sobre cualquier cosa y el conocimiento de que antes yo era una leona (de eso voy a escribir después), pero que ya no lo soy más.

Ese amor de antes, me dejó, además, un par de hijos divinos que llenan gran parte de mi vida y una filosofía de vida, completamente diferente a la que acostumbraba antes.

Hasta ayer, no sabía si estaba lista para ser la novia de alguien. De hecho, no lo sé todavía. Tengo muchas dudas y miedos…eso está ahí, se mantiene. Aunque pensándolo bien, esas dudas y miedos estaban en mí desde siempre, no tienen que ver con que me haya ido mal la última vez. Lo que pasaba era que yo antes no les hacía caso, pues pensaba que la fuerza o el poderío de mi amor, era tan grande que podría derribar cualquier obstáculo…ahora no tengo esa certeza. Mi amor de ahora está en pañales, está empezando a crecer. Ahora sé que el amor es algo dinámico, que crece y que se transforma, que hay etapas y etapas. Que incluso se esfuma por completo. Eso también es cierto para mí.

Mis dudas y miedos me podrían llevar a asumir la comodidad de no enamorarme y de vivir tranquila, brincando de flor en flor, como la mariposa en potencia que soy, total, tengo 40 años, soy una mujer experimentada, divertida cuando quiero serlo, autosuficiente y todavía me veo bien, así que todavía podrán aparecerme por ahí un par de perros que me quieran ladrar.

También podría decidir que mi tiempo de amar a un hombre, se acabó y que me voy a volcar por completo en mis hijos y en otros cariños, menos peligrosos.

Igual podría comprarme un vibrador y palear las urgencias sexuales de la carne, de manera aséptica y sin complicaciones de ningún tipo, como la canción de Cani García “Mi amigo del baño”.

Podría pasarme el resto de mi vida, inventando poemas e historias de amor y expulsando “de a poquitos” “este amor que se me sale por los poros y que puebla en mis riñones, en mis tripas y en mi ser”.

Alguien importante para mí, un buen amigo, me dijo, hace un tiempo, que yo no estaba lista para empezar una relación con nadie. Aunque pensé mucho en su momento en ese juicio, hoy pienso diferente: ¿él qué sabe? …él es igual que yo, un sobreviviente. Luego de que terminara su matrimonio, demoró años en asimilar su rol de soltero. A partir de allí, decidió mantenerse así, sin una relación formal o estable. Yo no sé si él lo decidió así o solamente las cosas para él se dieron de esa forma. No es mi asunto. Mi asunto es que yo no quiero estar así; tal vez él sea feliz así, repartiendo un cariño limitado, medido en cuenta gotas, en diferentes vasos. Tal vez a él, eso lo resulta, o tal vez es que no. Posiblemente no le ha llegado la persona que haga que “sus mariposas regresen”.

Mis mariposas regresaron hace unas noches atrás , acababa de ver en el cine “El Solista” y las sentí (a mis mariposas) cuando, en su carro, "él" mi amor, me besó. Las sentí de nuevo en mi estómago, en mis terminaciones nerviosas , en mi corazón y en mi cabeza. Mis mariposas estaban realmente alborotadas.

…. y yo no quiero que se vuelvan a ir mis mariposas. Uno debe luchar por lo que uno quiere. Pero luchar de verdad, con empeño…como “mujer macha”.

…podría decidir tantas cosas, diferentes de atreverme a amar de nuevo, pero no me da la gana.

En este momento, sólo se, que nada sé; y que no voy a pasar lo que me resta de vida viendo a ésta, pasar frente a mí, echada en una cama doble, con la mitad vacía, con la tv frente a mí, viendo algo así como Falcon Crest (parafraseando al maestro Sabina) o las pinches telenovelas colombianas, mexicanas, venezolanas o brasileras.

No voy a estar todo el día trabajando como una bestia de carga; y en mi tiempo libre metida de lleno en el facebook o viendo videos de youtube, “ wikipediando”, “googoleando “ o leyendo sobre conceptos, sobre literatura, filosofía, arte, aprendiendo sobre “cómo se vive mejor”, sobre geografía, o sobre las posiciones del kamasutra, quiero implementar in situ lo que sé, o mejor dicho, lo que creo que sé.

Si algo es cierto, es que quiero, necesito, amo y deseo la felicidad que proporciona la vida en pareja. Ya sé cómo era eso; y quiero volverlo a intentar. Por supuesto que tengo miedo y que tengo dudas, pero también tengo algo que antes no tenía y es la certeza que por falta de amor yo no me voy a morir…si se acaba esto tan hermoso que ahora tengo, pues aparecerá alguien más; y si se acaba eso, pues lo intento de nuevo; y así tal vez, mientras las ganas existan, me convierta en en el camino, en una viejita media demente, enamoradora, chocha, levantona, coqueta y un poquito pervertida, que busca el amor con todas las fuerzas de su ser.

...y los niños y jóvenes se reirán de mi y conmigo; y tal vez las señoras buenas, serias y decentes, esas que se casaron vírgenes, de blanco y para siempre, se persignen cuando yo les pase al lado; y posiblemente algún poeta loco me invente un poema tierno y cursi; o mejor, una canción como la de “Penelope”; y luego me muera arrugada, con el pelo teñido, libre de canas, con la sonrisa pintada de carmín en los labios, vestida de verde caña, con un braziere de aumento en mi seno y una tanga roja debajo de la falda, eso si, habiendo asistido previamente a los sepelios de un pocotón de viejitos felices y contentos como yo, plenos de haber vivido.