lunes, 9 de febrero de 2009

Estos amigos míos....



Hace unos días almorzaba con un ser humano excepcional, un amigo a quien conozco desde hace muchos años; el cual ahora, gracias a su tenacidad, capacidad y don de gentes, ocupa un alto cargo dentro del engranaje jurídico de mi país.

Como ocurre siempre en nuestros encuentros, no faltan las añoranzas por los sucesos pasados, la satisfacción por los logros obtenidos, la tristeza por los descalabros que nos aquejan y la burla alegre al analizar con la perspectiva que dan los años, las diferencias entre nuestras vidas de entonces, con el ahora.

Me llamó poderosamente la atención los comentarios de mi amigo en torno a su cada vez más frecuente desazón al descubrir que la mayoría de quienes actualmente lo frecuentan, lo que pretenden es lograr un acercamiento con “el cargo” que actualmente él ocupa y no con “el hombre: el ser humano” que él es.

Me dice, entre jocoso y preocupado, que ahora mucha gente lo invita a eventos (bodas, cumpleaños, chupatas, reuniones, clubes, etc.) en sitios y ambientes super exclusivos, a los que él, años atrás, jamás, habría soñado siquiera acceder.

Por allá por los 90s: él, yo y muchos “del clan” estábamos “pilando por el afrecho”, correteando el último bus colectivo a altas horas de la noche, después de salir extenuados de clase en la U, luego de cenar el democrático “menú del día” de la cafetería de la Facultad (pues obviamente era el más barato), todo ello, amén de cumplir la agotadora y mal remunerada jornada laboral en nuestras distintas ocupaciones, las que, sin embargo, nos permitieron, en su momento, sufragar nuestros gastos familiares y mal que bien, los estudios superiores.

Ahora las cosas son diferentes.

Aunque no me encuentro nadando en la abundancia, las cosas, por lo menos en lo económico, están mejor que en esa época. Ahora, con el tiempo, soy un ser humano diferente. Mis estándares en cuanto a valoración personal se han elevado tremendamente, me he vuelto más selectiva con la gente (sectaria, si se quiere), desconfío más, soy menos romántica, flaca y bella que antes. He cambiado el color de mi cabellera tantas veces que ni me acuerdo cuál es su tono original, ya no soy tan tímida y en un mayor grado: soy muchísimo más atractiva y sincera que antes (ja…)

No se si para bien o para mal, pero la conversación sobre el paso del tiempo y sus consecuencias, me hizo pensar sobre el impacto que tiene la amistad en las personas. Es claro que me identifiqué plenamente con los sentimientos de mi amigo.

No se si se trata de esos achaques de madurez que me están dando ahora que me estoy acercando a los temibles 40 o qué será, lo cierto es que me percato que a estas alturas de mi vida conozco a muchísimas personas, sin embargo, a pesar de conocer a tantísima gente, hace rato que no tengo nuevos amigos.

No hablo de esos “ciberamigos”, que tan gratamente me alegran la existencia en esas pocas o muchas horas de conexión en Internet, los que a través de sus acciones en la red, me transmiten parte de sus vivencias y de su personalidad. Algunos son como yo dicharacheros y metiches; otros son comedidos, corteses y tímidos. A un buen grupo de ellos quisiera algún día conocerlos personalmente, pues mi intuición femenina me dice que son maravillosos seres humanos (eso va con Carlo, Pablo, Fabiola, Claudio, Humberto, Avelino y algunos más). La verdad es que en ese punto hasta que alguien me pruebe lo contrario, prefiero seguir pensando que la mayoría de mis “ciberamigos” son gente maravillosa.

Al usar la palabra amigo, hago referencia a aquel que lo es de “carne y hueso” a ese “cómplice” permanente, o temporal que tiene en común conmigo vínculos afectivos y; por lo menos, alguna vivencia memorable. Para mi un amigo puede ser tantas personas a la vez, que es imposible asignarle a “ese” ser especial cualidades específicas.

Es posible que esa persona y yo compartiéramos más de una alguna andanza, travesura, estudio, chupata, alegría, tristeza o cualquier otro evento, tal vez intrascendente, pero que, por lo menos para mis efectos, dejó huellas profundas en mi existencia.

Por ejemplo, para mi es tan amigo: Denis mi compañero de corrinches escolares de primaria (quien por allá por los 5 años me torturaba halándome el cabello y puyándome con un alfiler), como Marky, con el que reía de pura burla los chistes sin gracia del profe de Derecho administrativo y con quien estudiaba en esas largas noches de insomnios previas a algún examen semestral ya olvidado de la Facultad de Derecho.

¿Qué sería de mi vida sin Laura y sin Leticia?. Ellas fueron y serán siempre mis mejores amigas, mis confidentes, mis hermanas, mis cómplices. Los años pasan y aunque suceda que en mucho tiempo no cruzamos una palabra, basta el saber que “ellas” están allí…en algún lugar, con su cariño intacto, para que una sonrisa pueble mi rostro.

Ariel, Eduardo, Markel, Isolieth, Chavela, Alex, Tamara, Junito, Eika, Raúl, Miguel, Lupe, Alejandra, Vico, Carlos, Jessie, Endira, Giovannina…. Sanya, Willie, Masiel, Diva, Tania, Tato, Fran, Migue, Melvi, Alfonso…y muchos más ¡Dios, son tantos! los que han compartido conmigo un pedacito de esta vivencia personal que ha sido mi existencia.

Muchos están allí siempre, pululando, por doquier, a la vista o accesibles a través del celular o el correo, facebook o Messenger.. Otros se pierden, se van, reaparecen, pero nunca dejan de estar vigentes del todo. Algunos más se fueron y ya no volvieron, sea porque la vida y sus circunstancias nos separaron o bien, porque como Richie, Demetrio y el Profesor Lasso, alcanzaron la celestial morada de nuestro padre creador.

Sea cual sea el estatus de esos amigos: vigente, intermitente o desaparecido, lo cierto es que cada uno de ellos tiene un espacio…o mejor dicho, un cuartito en mi corazón. Ese corazón mío, el que como dijera mi adorado Gabo “tiene más cuartos que un hotel de putas…"

2 comentarios:

NADIE dijo...

querida Anayansi, me siento alagado con tu post, realmente es un honor pertenecer a tu familia de amigos y habitar uno de los cuartos de tu gran corazón, gracias por lo de persona maravillosa, me has puesto muy alta la valla ahora hay que dar la talla! me gustó tu artículo y todavía falta ponerme al día con los otros artículos. Que el ciberespacio que nos comunica siempre te nutra de inspiración para que nazcan tus letras.
No me contaste si te gustaron los cuentos de Borges que te envié a tu correo..
saludos, cariños y besos

Anayansi Acevedo dijo...

No dudo que des la talla...jajaja amigo...tu eres en gran medida culpable de esta vaina, por tu culpa me metí en esta vaina del blog y mírame, quien me aguanta ahora...

Lamento informarte que no recibí los cuentos. ¿Sería posible que los reenviaras?.Puedes mandármelos a anayansiacevedog@gmail.com. Los esperaré con ansias. Abrazos.