miércoles, 30 de noviembre de 2016

F & F (Por Fédor & Fidel o Fidel & Fédor)

Y me dice el hijo,  entre  refunfuñón y dolido:  "tres veces he tenido que leerme al ruso ese pa´poder entender que el tipo estaba metido en una cárcel de Siberia con frío y cabreado".  Que manera de escribir enredado,  la de “ESOS” escritores que te gustan,  refiriéndose a las primeras cincuenta páginas que lleva  de "La casa de los muertos" de  Dostoyevski,  cuya lectura completa deberá terminar en los próximos días,  a fin de poder lograr que su desnaturalizada madre, le devuelva el celular incautado-decomisado-retenido,  en virtud de la comisión con toda premeditación y alevosía de su parte,  de una acción “típica-antijurídica-culpable y estúpida”, tal cual resultó,  su más reciente hazaña,  para sustento de mis ya usuales rabietas de madre incomprendida.

Yo pensé:  ¡puta madre!, que "sólido"  habría resultado,  si a mi,  en vez del clásico gaznatón por contestona-boquisucia o el destierro a mi propia Siberia, en la Calle Tercera Matuna,  cada vez que hacía una cagada, de esas que, entre los 13 y 17 años,   una “solía” hacer,    me hubiesen puesto a leer "La Madre",  "Anna Karenina" o a cualquiera de las obras de esos rusos "dementes" y maravillosos,  que ahora,  de vez en cuando comparten conmigo  cama y burundangas.  Aclaro, para efecto de los malpensados y recordatorio inútil de mi celibato actual,  que no se trata de quitarme horas de sueño junto a ardientes amantes rusos,  como sería lo idóneo,  sino que simplemente me gusta leer autores rusos,  a la par que comer de noche.

El gusto por los rusos esos me tocó descubrirlo solita,  leyendo trepada en el "piso" de arriba del camarote de la casa de antes,   alguna de las tantas tardes de las vacaciones de esos veranos, en las que los cielos,  a partir de las cinco y cuarenta y cinco de la tarde,  en el barrio,  se pintaban de rosado-naranja,  tardes en las que el tiempo para haraganear sobraba y la película de vaqueros del cine "vespertino" de Canal 2, resultaba repetida,  siendo más más divertido entonces,  "rescabuchar" entre "la ruma" de chécheres de Agapito,   los papeles,  folletos,  manifiestos del partido del pueblo y una que otra obra de rusa,  que formaban parte del tesoro personal del viejo mío,  provenientes quizá, de  esas muchas reuniones de los comunistas del patio a las que él iba de noche.  Reuniones a las que nunca fui y en las que aparte de mi tío Carlito,  creo identificar-soñar-imaginar,  entre las brumas de mi inexacta memoria infantil,  a unos camaradas sin rostro,  que tal vez se llamaban Tacho,  Ayala o posiblemente un Batista cualquiera,  que luego fue mi profesor en la facultad de Derecho.

Pensando esas vainas y tratando de recordar el momento exacto en el que los héroes y heroínas se empezaron a llamar “Pável” o “Irina”,   a partir de cuándo las ciudades tuvieron nombres exóticos como Nijni-Nóvgorod y la gente se movía en troykas,  no en coches,  entendí otra cosa que,  ni siquiera venía al caso, ni guardaba relación con escritores rusos:  entendí el porqué me hervía la sangre cuando me empezaban a hablar mal de Fidel Castro. 

La cosa estaba clara,  pues al tiempo que yo empezaba a leer a los rusos,  tuve la suerte que no tuvieron la mayorías de las niñas,  las que aunque, seguramente jugaban con  Barbies,  no tuvieron  la suerte de que su papá les hubiese explicado,  desde los ocho o nueve años,  que la izquierda,  era una cosa buena y que la derecha,  obvio pues,  era  cosa mala,  malísima;   que los cubanos eran una “rareza”;  que Bahía de Cochinos,  era el recordatorio de una de las más estrepitosas vergüenzas para los gringos,  esos mismos que a los panameños, nos querían meter (y nos metieron luego) el dedo con los tratados Torrijos-Carter,  los que en Vietnam TAMBIÉN salieron huyendo con el rabo entre las piernas.  Todas esas cosas y más me contó el viejo mío,  antes de que otro libro,  el Álgebra de Baldor y las recriminaciones verbales viscerales,  de las que hice gala a partir de los cambios hormonales propios de la adolescencia,  agriaran nuestras cordiales relaciones.  A la par que yo empezaba a leer a los rusos, el viejo me contaba cosas:  por ejemplo, que a la plusvalía había que ponerle límites,  porque sino era sinverguenzura y que había otro Carlito que se apellidaba Marx, el cual,  a pesar de parecer un “alcoholito” y piedrero,  no era tan mala gente. 

Hoy todo quedó claro;  y sin duda recordarlo, aparte de resultar terapéutico,  me ayudó a entender perfectamente la génesis del dolor que arrastro desde el viernes 25.  Dolor que aunque  una no quiera, te revienta las ganas de producir,  te estruja el pecho y hace que se te salga el cobre más de la cuenta. 

Y es que para mi,  con la muerte de Fidel muere toda una era,  la que,   para gente como mi viejo (el de entonces) y para mi (la de ahora) implicaba (en pretérito) que la dignidad no se negociaba,  que más valía ser pobre,  materialmente hablando,  pero EMPUÑANDO una bandera digna,  que ser rico en bienes fungibles, EMPEÑANDO,  vendiendo,  cediendo y/o regalando el trasero y el alma.

Hijo "lechudo" el mío,  a quien castigan mandando a leer vainas maravillosas.  Sin duda "lechudo" el cachorro,  tan lechudo que su madre le levantó el castigo,  a tan sólo cincuenta páginas de lecturas del Fédor,  con el compromiso de que mañana entre las siete y ocho de la noche le seguirá contando cosas del Alejandro Petróvich Goryánchikov preso en una cárcel de Siberia,  luego de matar a su esposa en el primer año de su matrimonio.  

Lo bueno es que también de sopetón, a la par que la ira por las trastadas de mi retoño se fueron,  me invadió la ternura y recordé al viejo mío,  pasando trabajo,  tratando de hacer magia,  para que a su hija de 14 años le entraran,  de una vez por todas,   en la chonta irresponsable y "espelucada"  los misterios y ecuaciones,  que parecían huir de un cerebro,  tal vez más pendiente de rockeros ochenteros,    tal vez más enamorada de Martí,  Neruda,  Darío y esas vainas que una lee de pelá enamorada del amor,  que de Pitágoras y su combo.

Por lo pronto le dije a mala madre vengativa-justiciera,  en un intento por apaciguar a los diablos,  que como quiera que ella se está portando bastante bien en los últimos tiempos,  tanto que,  por interpuesta persona,   estoy a punto de pedir su canonización,  bien merece,  no como castigo,  sino como premio,   un descanso necesario,  un buen revolcón erótico-literario con un ruso estepario (preferiblemente grandote en estatura y talento),   como esos que,  aunque no muy eslavos que digamos,  pero sí con pinta de obrero del suntracs,  también suelen gustarle mucho y un brindis-reminiscencia por los buenos tiempos idos. 

Alguna vez bajé un pdf de  "La Sonata a Kreutzer" de Tolstoi y el mismo se quedó en el discoduro de la pc vieja,   esperando el momento adecuado para la lectura en cuestión.  Creo que sin duda la hora del revolcón se acerca.

Mientras tanto por el recuerdo de los buenos tiempos,  por los buenos camaradas idealistas de ayer, de hoy y de mañana,  por el viejo mío,  por los Carlos (el tío y el otro barbudo),  POR FIDEL,  tocará irse,  así "contentita" como me pongo cuando voy a cantar,  a ver si la gente no me abuchea si canto "Playa Girón" a la vez que una "se hace" la despechada y con esa excusa,  aprovecha para beberse un par de roncitos de más,  eso sí:  RON SÓLO,  CON HIELO o CON CUALQUIER COSA,  eso sí,  NI DE A VAINAS:  ron con coca cola,  esta vez
.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Desde este lado













Como el hijo perdido y triste, a quien mamá no abrazó suficiente, por estar ocupada llorando por los devaneos de padre, te ví perdido y frágil,  a pesar de la capa de superman,  que siempre cargas encima.

Avergonzado, agazapado entre espirales de humo de weed,   inquilino prestado de un caserón sombrio, así decidió asumirte mi piel y alma,  agradecidas, por la dulzura efímera de unos besos oportunos-necesarios 

Desde mi lado,  retengo en la memoria esa imagen,  a la par pienso en la imposible posibilidad de que los odios acaparen espacios.

Nadie puede odiar a un bebe asustado-intoxicado por el hedor de la mierda existencial cotidiana, conocida por él desde siempre.

Dimensiones distintas implican imposibilidad de odiar fuera de ellas.

En mi castellano lumpen todo se reduce a un simple:  tú en tu mundo,  yo en el mío.



Es la ventaja de estar cada uno en lados diferentes del espejo.

Zape,  bicho...zape




viernes, 21 de octubre de 2016

Así sea










Digan amén,
digamos amén.

Que por cada amén dicho,
hay un muerto menos en alguna estúpida guerra
allá bien lejos,
en la conchinchina.

Digan amén,
Digamos amén

Que por cada amén dicho
hay un niño menos abusado, 
hoy un vaso de agua le llega a un sediento
y un bocado a otro hambriento.

Regalemos amenes,
Rifémos amenes
Vendamos amenes,
Cedámos amenes
Prestemos amenes,
y hasta hipotequemos nuestros amenes.
Pero sobre todo: amemos nuestros amenes
y los amenes ajenos, también.
Como a las putas babilónicas, los adormecedores de consciencia
como los pedicures y faciales,
como el pan y el circo
de lo que no nos cuesta hagamos fiesta.

Salvemos al mundo y demostremos a todos las buenas personas que somos.
Total, sólo cuesta uno, dos o si acaso, pensar o
decir tres amenes.




viernes, 16 de septiembre de 2016

Claveles













Solía aburrirle ordenar su casa. Quienes la conocían sabían que en su cubil, infaltable siempre estaba, acurrucada en el sofá, a modo de camita para los gatos, la pila de ropa por doblar; el indeseable grifo que goteaba y en cada rincón, montones de objetos sin ley, orden o utilidad que guardaban en su seno las huellas de vivencias que ya nadie recordaba.

El hechizo quedó roto cuando en un arranque de locura, tal vez producto de un ramo de claveles que le llegó por azar, ella se deshizo del florero del asa rota, cuyo único valor, había sido ser el resguardo temporal de unas rosas ya muertas, pulverizadas y olvidadas hace mucho tiempo.

Ese día, la mujer necia que insistía en guardar cachivaches, también aprendió que los papeles tristes se pican en pedacitos y se meten dentro de cuatro bolsas de basura para que sus tristes letras no regresen jamás a ocupar espacios vitales perdidos desde la prehistoria de los tiempos.


domingo, 21 de agosto de 2016

La niña de papá

Hoy cumple años mi viejo. Cumple 72 agostos. Mi papá es el hombre más guapo, trabajador y buena gente que conozco. Junto a doña Berta mi madre, es la persona que más ha influido en mi vida. En lo bueno y lo malo, jamás podrá negar que soy hechura suya.

 Le heredé el color de los ojos, la sensibilidad al sol de mi pendeja piel caucásica, mi estatura promedio, un montón de rasgos genéticos y una predisposición natural al desorden y la indisciplina contra la cual lucho, pero que va, la cabrona es un hueso duro de roer.


Sin duda mi viejo y yo somos muy parecidos en lo físico, adicional a ello, en el camino le copié algunas mañas: el amor al trabajo, a la lectura (antes él leía mucho, aunque en el camino, con el uso de anteojos, se me volvió vago el don), al amor a la naturaleza (lo fastidio diciéndole que es el único santeño que no nació con un hacha bajo el hombro. Mi papá, se toma realmente en serio eso de cuidar el entorno natural. El cuida de sus iguanas, sus pájaros, sus conejos pintados, sus perros, tal vez mejor de los que cuidóa sus hijos chicos). También le copié el ateismo (aunque en el camino él se suavizó a un agnosticismo relax del tipo "cree en lo que quieras después que no me jodas" y yo me radicalicé a uno del tipo "me vale cebo si está o no el dios que sea, para mi, "ese señor" ni suma ni resta").

Mi papá también fue el primer comunista que conocí, aunque en el camino de las ideologías, también ocurrieron notables transformaciones, que no hacen que yo le quiera y le respete menos.

¡ Mi "apá" es un tipazo !!!...no sólo porque yo lo diga, sino que es así. Poco regaña y refunfuña, prefiere hacerse de la vista gorda y no meterse dónde no lo llaman.

Mi "apá" es fuerte, como un árbol de guayacán, poco se enferma.

Mi "apá" es feliz y generoso. Como sus hijos, él maduró en el camino y hoy vive su vejez de una manera elegante y sobria. Me gustaría mucho que la mía se pareciera a la suya. Aunque lo veo difícil, porque él no es cascarrabias y yo sí.

Hoy cumple el viejo mío, 72 años. El anda todo "fachon" celebrando en Playa Bonita y sólo crucé un par de palabras por teléfono con él hoy temprano. Me alegra cuando deja el sofoco por el trabajo y se relaja. Creo que es lo justo, pues de ser un chicuelo descalso de Guararé, que a los 10 años ordeñaba vacas ajenas para ayudar en casa y educarse prácticamente por sí solo, al señor que es hoy, hay un mundo de diferencia.

Hoy cumple años mi viejo y yo no tengo a quien agradecerle el hecho de que está vivo y está conmigo, mala vaina resulta, a veces el ser ateo, pero no importa, mi viejo está con nosotros, hoy soy feliz por él, por mis hermanos y por mi; y eso es lo que importa.

viernes, 19 de agosto de 2016

DESALMADA

Mi  pequeña casa de barriada parece un bosque. Trato de engañar a la contaminación que viaja desde la termoeléctrica vecina, que a menos de 3 kilómetros, vomita su fétido y asesino aliento 24 horas al día 365 días al año, sembrando árboles y arbustos, con la esperanza de que me resguarden de la basura ambiental y que los pajaritos que se esconden en su follaje, me suban el ánimo cuando estoy triste.

Cuando riego las plantas del jardín, sufro mucho al percatarme de la cantidad de suciedad que se deposita en las hojas de mis plantas. Supongo que mis pulmones estarán igualmente sucios. Me consuelo pensando que mejor tener sucios los pulmones, que el alma sucia. Aunque ayer me recordaron que los ateos no tenemos, ni creemos en el alma.



Es muy triste, siento pena por mi. Triste cosa es ser una desalmada de pulmones cochinos; pero me apenan más los vecinos que se aislaron en muros urbanos de concreto y ruido, que aunque más ricos que yo en bienes terrenales, no tienen entre sus tesoros ni una hojita de culatro para el guachito, ni la salvia o el mastranto para los tés que curan los achaques pre menopáusicos de Yans, ni la sábila contra el mal de ojo o las quemaduras del sol, ni el canto de las tortolitas o los piquigordos en las mañanas.

https://www.youtube.com/watch?v=AnheLFIO2Mk
https://www.youtube.com/watch?v=fGawZWHRTMg
https://www.youtube.com/watch?v=TM1jOxiN7E8

martes, 2 de agosto de 2016

Mala simiente



A veces llegamos al punto en que no importa
que sea martes, o lunes o jueves.
Si hace calor o si una tiene ganas de tomarse una cerveza bien fría.
No importa el hastío,
Ni el millón trescientas veintitrés mil rabias atrasadas por cosas bobas.


La verdad, a veces,  poco o nada importa,
querer repartir balazos o abrazos.

Lo que sí importa, es que en el país de las mieles amargas,
cuando  parece que no queda más espacio para sentir vergüenza,
Siempre,  indefectiblemente, queda el resquicio donde se cuela aquella.

Sea por un nuevo escarnio a las neuronas,
Sea que se bautice, al tiempo que pinten cruces de ceniza en la frente de
nenas con  hijos-hermanos en sus vientres.
Sea  que se  exija vaselina para que el desgarro duela menos,
y así, promundi y beneficio, seguir prostituyéndose ad infinitum.

Lo que también importa y la verdad sea dicha,  mucho.
Son estas ganas de vomitar bytes,  mariposas y palabras.
Ganas de vomitar el desgano diario,
ganas de no sentir una tristeza más, dentro de la cadena interminable
de ganas y verguenzas atrasadas,
para así poder mirar a los hijos-hermanos paridos de las nenas bautizadas, 
triste futuro de la patria,
con los ojos y el alma limpia.

Pero para la gente buena y sabia que engorda de orgullo,
al tiempo que cita versículos y niega preservativos,
la lógica de todo es diferente a la mía.

Y yo,
que no le encuentro el chiste al opio popular,  a poner la otra mejilla.
Ante el odio implacable de tanto redentor gratuito de cada hijo ajeno irreverente,
me siento, 
soy,
oropel- espejito-cuentas de colores para el indio,
ente prescindible de cualquier cronología histórica decente,
diáspora errante,
triste simiente sin futuro.