
#Yotambien, a los doce años sabía que la esquina del barrio,
donde ellos, la jauría masculina de la calle, jugaba 21, era el peor sitio para
caminar sola o acompañada. A ellos no les importaba que fueran una, dos o tres
chicas, las caminantes. Solas o en grupo, tener vagina y senos era suficiente razón para que tuviéramos que aguantar estupideces. Los mismos chicos que un par de años antes descubrían el mundo en bici conmigo, ahora parecía que disfrutaban gritándole a una cosas feas que me avergonzaban y aterrorizaban.
#Yotambien, al entrar a la Facultad de derecho me tuve que
aguantar el asedio descarado y grotesco del profesor de Derecho Civil
"De Obligaciones", las risas estúpidas de los compañeros del salón, ante
la cacería tenaz e hija de puta del payaso aquel y encima, pese a que "pilé" como
demente, tuve que "mamarme" una C y no la B que merecía, la que me había ganado,
porque el muy maldito, cabreado, porque "no se lo aflojé", se desquitó con la
calificación.
#Yotambién, por la misma época, cuando eras
estudiante-pasante-mamá soltera-divorciada, te tuviste que tragar las lágrimas,
la vergüenza, la indignación y te tocó sonreír estúpidamente al jefe que por la
edad podía ser tu papá, cuando una vez junto a otros sementales jurídicos soltó
con toda la intención de humillar a las hembras de la oficina y supongo que
para reafirmar su hombría en decadencia, que para ser abogada antes había que
ser puta, que por eso él jamás dejó que su hija estudiara derecho. Esa
vez, no pudiste decir nada y te tocó llorar para dentro. En tu cartera sólo
tenías justo el pasaje de ida y regreso a tu casa, para lo que restaba del mes.
#Yotambién; y tal vez tú, recuerdes a Celeste y
sus ojos cansados de llorar y a veces el vértigo regresa. Ese terror cotidiano para esa época, de que el marido se decidiese a cumplir sus amenazas. No hubo consejo
jurídico, promesa o boleta de protección que lograra que ella se atreviera a
dejar definitivamente al monstruo. Porque aunque no lo aceptes, tú, a pesar de
tu carácter jodido, le tenías un verdadero miedo al maldito ese. Tenías miedo por ella, pero aunque jamás se lo confesarías a nadie, el mayor
miedo era por ti misma. Miedo a que el acosador-golpeador de mujeres, que te
había dejado una nota en el vidrio del carro, cumpliera la amenaza de matar a
"su" Celeste y a la maldita perra abogada que lo estaba separando de
ella.

#Yotambien me aguanté el acoso infame del amigote de mi
ex marido, del novio de la amiga, del camarada de ideales, del tipo que se decía
feminista, del ateo, del creyente, del adorador del che, del macho
derechista. Al final, no hubo ni uno solo que no asumiera que mi lápiz labial
o mi falda corta, no eran más que un indicativo de que yo quería que «me dieran».
#Yotambién descubrí que el acoso despiadado, sutil o
evidente, JAMÁS toleró un «no» decente o civilizado, de parte de la
víctima. Porqué ganar el respeto o no volver a ser acosada, sólo se logró, tras
insultar al acosador, meter rodillazos en los huevos acosadores, golpear en la
jeta acosadora o huir del agresor acosador.
#Yo también, a veces me odio, como odio a los cobardes. Me
odio y lloro por dentro y por fuera: a veces no sabes si la rabia, la tristeza,
la impotencia, que sientes al escribir esto, es más o menos grande, que la
vergüenza que te embarga, cada vez que recuerdas que muchas veces no dijiste
nada cuando te acosaron, cuando te agredieron, cuando te abusaron.
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